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jueves, 26 de agosto de 2010

Cuando salga, nos casamos


'Cuando salga, compramos el traje de novia y nos casamos', una bonita frase que seguro ha servido como balón de oxígeno a la mujer de uno de los mineros sepultados en Chile cuando la pudo leer en una carta escrita a mano por su marido.

Es difícil saber cómo vamos a reaccionar en momentos de pánico o en catástrofes y, aunque los expertos ya vaticinan que los 33 atrapados perderán su alegría e incluso necesitarán ayuda farmacológica cuando se vayan prolongando sus días de encierro –y se espera que tengan que permanecer allí tres o cuatro meses--, por el momento son ellos los que mantienen el ánimo de sus familias.

Aunque no tenga comparación, todos en nuestra vida hemos pasado por momentos de tristeza o decaimiento, pero fijar un objetivo contribuye a que el trago se pase más rápido, pensar en lo que haremos cuando superemos el trance en lugar de concentrar nuestra mente en el sufrimiento presente es como estar encerrados en una celda y asomarnos por la ventana para poder ver la inmensidad del mar, eres consciente de tu situación pero percibes que hay algo mejor esperándote.

Sin duda nos permitirá ser un poco más felices pensar en lo primero que haremos al salir del hospital cuando dejemos de estar enfermos, a dónde iremos con la persona que queremos cuando las circunstancias que nos obligan a estar separados dejen de existir o en que lugar trabajaremos cuando por fin encontremos un empleo.

Es cierto que unas personas prefieren agarrarse fuerte a los barrotes de la celda para levantarse y alcanzar a ver ese mar, mientras otros necesitan que alguien les coja en brazos y se lo muestre. Al final, lo importante es poder verlo y luchar porque, un día, esa libertad sea real.

lunes, 7 de junio de 2010

¿Qué ocurrió al final? Ella le rescató a él

Alrededor de 3,6 millones de personas vieron ayer Pretty Woman en su décimo cuarto pase en Televisión Española y veinte años después de su estreno. Al parecer, esta historia de amor entre Richard Gere y Julia Roberts, un millonario enamoradizo y una prostituta ingenua, es garantía de éxito de audiencia, incluso al competir con la incombustible Aída.

Puede que sólo sea porque nos gusta creer en los amores a primera vista, los imposibles o los políticamente incorrectos, pero me ha dado por pensar que, tal vez, en un momento de dificultades económicas, dos días antes de una huelga general del sector público --al que le espera una rebaja salarial media de cinco puntos— y cuando la rutina diaria es no llegar a fin de mes o encomendarte a todo lo que creas para no quedarte sin trabajo, eso de ver una historia con final feliz nos hace ‘tilín’.

¿Cuántas prostitutas sueñan con que un hombre apuesto y millonario se enamore de ellas, las convierta en princesas y evite que vuelvan a ejercer? No sólo son ellas las que imaginan, puede que esta película que, pensándolo bien tampoco tiene un argumento ni unos diálogos mucho mejores que cualquier otra comedia romántica, nos haga soñar a todos con que el cuento de Cenicienta tiene visos de realidad o con que hay motivos para la esperanza.

Bueno, es sólo una teoría, tal vez su éxito en la pequeña pantalla --teniendo en cuenta que en el cine sólo pagaron la entrada 3,4 millones de españoles, una cifra bastante modesta en comparación, por ejemplo, con Titanic, que logró más de 10 millones de espectadores--, tenga que ver con que, a día de hoy, las mujeres mandan en el mando.