lunes, 18 de octubre de 2010

¿Cuál es tu canción favorita?

Hace unos días descubrí la versión de Seal de la mítica canción ‘Stand by me’, reconozco que, como me ocurre con casi todas las canciones de este hombre, me gustó mucho y hoy, hablando de ella con otra persona, me he sentido decepcionada al escuchar como me decía que ésta es “una canción de toda la vida”.

Realmente lo es y probablemente se trate de una más dentro de una lista interminable, pero a mi me gusta porque me recuerda a un momento o a una persona concreta, a un instante que no se podrá recuperar. O, tal vez, simplemente porque me siento bien cuando la escucho.

Al final, la música acompaña los momentos más importantes de nuestra vida y también nuestros recuerdos, puede hacer que nos sintamos bien o que recordemos momentos tristes. De hecho, en nuestro iPod creamos una lista de canciones para correr, para el camino al trabajo, para antes de acostarnos o para dormir a nuestros hijos y, en el iPhone, nos bajamos Apps para elegir la canción que se convertirá en el politono que nos avise cuando nos llamen.

La música es tan importante que una canción que nos ha hecho felices, en otro momento de nuestra vida puede ponernos tan tristes que hasta nos resulte imposible escucharla. Me cuesta decidir cuál es mi canción favorita, son muchas y todas se convierten en una especie de fotografía de diferentes etapas de la vida.
Te invito a que pruebes a escuchar un CD de hace años, uno que haga mucho tiempo que no escuchas, y, al hacerlo, te resultará imposible que no te vengan a la cabeza momentos, personas…

domingo, 26 de septiembre de 2010

Una imagen vale más que 1.000 palabras

Se cumplen 50 años del primer debate político televisado de la historia, ese que enfrentó en Estados Unidos a John Fitgerald Kennedy por los demócratas y Richard Nixon por el Partido Republicano y que, al margen de la transcendencia electoral, se convirtió en una evidencia de la importancia del lenguaje no verbal y del poder de la televisión.

Más de 77 millones de personas, el 60 por ciento de la población adulta de la época, vieron un cara a cara que dio por ganador a Kennedy, el candidato que decidió adaptarse a las peticiones de la pequeña pantalla: maquillarse, elegir cuidadosamente su traje, mirar a cámara al hablar y hacerlo con decisión.

Por el contrario, Nixon restó importancia a estos detalles y mostró una tez blanquecina y sin afeitar y un aspecto enfermizo y cansado enfundado en un traje gris. Además, al hablar, en lugar de mirar a la cámara, se decantó por mirar a los periodistas que se encontraban junto él en el plató.

El desenlace esa noche fue curioso, los analistas aseguraron que el debate dialéctico estuvo muy igualado, pero los que lo escucharon por radio dieron como ganador a Nixon, mientras que los que lo vieron por televisión otorgaron una victoria aplastante a Kennedy que, finalmente y tres debates después, se hizo con la Casa Blanca.

Este primer debate marcó un antes y un después en la política y en la televisión y, sin duda, fue un elemento decisivo en la tan disputada Presidencia estadounidense de 1960, supuso el nacimiento de los asesores de imagen y sentenció que una imagen vale más que mil palabras.