jueves, 2 de septiembre de 2010

Sin mirar atrás

Me indigna. Cada vez que en este país tenemos la desgracia de que fallezca una mujer a consecuencia de la violencia machista y tengo que ver la noticia en la televisión me pongo de mala leche. Siempre aparece un vecino diciendo que el asesino “era muy normal y muy amable” y otro que había escuchado muchos gritos y como peleaban cuando se produjo el asesinato.

Se que hay que ilustrar las noticias con imágenes y testimonios pero, por favor, la opinión de los vecinos es absolutamente irrelevante a nivel informativo y, además, es obvio que si es capaz de matar a su pareja, o a cualquiera, muy normal que digamos no era el individuo…¿Y esos vecinos que todo lo oyen y nada dicen? Mmm…. ¿Por qué en lugar de contarlo por la tele no llamas a la policía para tratar de evitarlo?

Me indigna que se trate de relacionar estos asesinatos con conductas pasionales o que se ‘justifiquen’ con circunstancias personales, económicas o sociales. Deberíamos dejar el morbo para otras ocasiones… ¿No podríamos cambiar estos totales por otros en los que se condene esta lacra social que, por cierto, no es un problema personal sino global?

Los periodistas deberíamos, de vez en cuando, contar algún caso de mujeres que son capaces de salir de una situación de malos tratos y de superarlo, recordar que existe un número, el 016, que no deja rastro en la factura y tiene a personas detrás dispuestas a echar una mano y decir a esas mujeres que se vayan de esa casa, que pidan ayuda y que no vuelvan a mirar atrás.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Porque las mujeres sueñan con un beso a lo Carbonero y los hombres con una chica que les saque de sus casillas


Anoche, mientras trataba de aparcar el coche, un hombre se acercó, se plantó en medio de la plaza y empezó a darme instrucciones sobre cómo debía hacerlo y yo, que otra cosa no, pero orgullosa soy un rato, reconozco que tuve que contar hasta cinco para pedirle educadamente que continuara con su paseo y me dejara aparcar tranquilamente.

Estoy pensando en que nos pasamos la vida tratando de cambiar las costumbres de quien tenemos enfrente o de modificar sus maneras de actuar, incluso empezamos una relación sabiendo que hay cosas que no nos gustan de la otra persona confiando en que, por no sé qué efecto del amor, las lleguen a cambiar, a pesar de que sabemos, a ciencia cierta, que eso no ocurrirá y será motivo de disputa eternamente.

 
El asunto empieza ya en la familia ¿Quién no tiene una madre que no se rinde en su empeño por conseguir que hagamos las cosas a su manera? Que ella ya ha pasado allí y sabe que nos estamos equivocando, que, cuando tenemos hijos, ella, obviamente, ya ha sido madre y puede llevarte por el camino de la sabiduría, olvidando que, en ocasiones, a todos nos gusta equivocarnos y aprender de ello…

 
¿Qué puedo decir de la pareja? Que si eres demasiado dependiente, o demasiado independiente, que si te gusta acostarte pronto y a mi tarde, que si las croquetas de mi madre son las mejores… eternamente tratamos de que la otra persona piense como nosotros sin tener en cuenta que la riqueza está en la diversidad.

 
Estaría bien conseguir querer a los demás tal y como son, no? Tal vez… pero hombres y mujeres somos diferentes y siempre lo seremos… por eso, la noche que ganamos el Mundial, las mujeres soñaron con el beso de Carbonero, y, los hombres…. con la periodista.