jueves, 10 de junio de 2010

Un futuro con los días contados


Resulta que hoy en día cuando una mujer se queda embarazada a una edad relativamente joven los que están alrededor y, antes de dar la enhorabuena, repiten lo que cuesta, lo que te cambia la vida, lo que te cambia el cuerpo y todo lo que vas a dejar de hacer durante los próximos –mínimo-- diez años, eso sí, después se ofrecen incluso a tomarse algo con los 'afectados' en cuestión para celebrarlo.

El reportaje de El País titulado 'Las caras de la maternidad' http://www.elpais.com/articulo/sociedad/caras/maternidad/elpepusoc/20100608elpepusoc_4/Tes, me ha recordado a cómo se tenían los hijos en España hace años, cuando renunciar a las vacaciones para comprar pañales, medicinas o asumir los gastos escolares formaba parte del paisaje y nadie se rasgaba las vestiduras por ello, o cuando la familia numerosa era lo normal.

Parece que si ahora una mujer es madre a los 30 es demasiado joven y si decide tener más de dos tiene que pedir hora al psicólogo. ¡Basta ya! Si nuestras madres y abuelas, en esa época en la que los hombres eran meros observadores en el tema de criar niños, eran capaces de sacarlos adelante, con menos medios y ayuda, creo que en 2010, cuando las tareas y responsabilidades se reparten al 50 por ciento con los hombres y existen multitud de ayudas es hora de afrontar la maternidad de otra manera.

Desde luego no puedo imaginarme una vida en la que mi suegra fuera la que decidiera si uso anticonceptivos o si puedo estudiar, tampoco enfrentarme a un parto sin asistencia sanitaria o sabiendo que una de cada 45 mujeres morirá en el intento. De todas formas, en España creo que no estaría mal que se alargara la baja por maternidad y paternidad con una contribución económica que permita criar a tu bebé durante un tiempo prudencial o que se pudiera reducir la jornada por este motivo sin reducciones salariales drásticas, tal y como ocurre en la mayor parte de Europa.

Tal vez algún día entendamos que sin defender y proteger la maternidad nuestro futuro tiene los días contados.

lunes, 7 de junio de 2010

¿Qué ocurrió al final? Ella le rescató a él

Alrededor de 3,6 millones de personas vieron ayer Pretty Woman en su décimo cuarto pase en Televisión Española y veinte años después de su estreno. Al parecer, esta historia de amor entre Richard Gere y Julia Roberts, un millonario enamoradizo y una prostituta ingenua, es garantía de éxito de audiencia, incluso al competir con la incombustible Aída.

Puede que sólo sea porque nos gusta creer en los amores a primera vista, los imposibles o los políticamente incorrectos, pero me ha dado por pensar que, tal vez, en un momento de dificultades económicas, dos días antes de una huelga general del sector público --al que le espera una rebaja salarial media de cinco puntos— y cuando la rutina diaria es no llegar a fin de mes o encomendarte a todo lo que creas para no quedarte sin trabajo, eso de ver una historia con final feliz nos hace ‘tilín’.

¿Cuántas prostitutas sueñan con que un hombre apuesto y millonario se enamore de ellas, las convierta en princesas y evite que vuelvan a ejercer? No sólo son ellas las que imaginan, puede que esta película que, pensándolo bien tampoco tiene un argumento ni unos diálogos mucho mejores que cualquier otra comedia romántica, nos haga soñar a todos con que el cuento de Cenicienta tiene visos de realidad o con que hay motivos para la esperanza.

Bueno, es sólo una teoría, tal vez su éxito en la pequeña pantalla --teniendo en cuenta que en el cine sólo pagaron la entrada 3,4 millones de españoles, una cifra bastante modesta en comparación, por ejemplo, con Titanic, que logró más de 10 millones de espectadores--, tenga que ver con que, a día de hoy, las mujeres mandan en el mando.